couple drinking coffee inside coffee shop

“Lo que no vemos con nuestros ojos, ni escuchamos con nuestros oídos, no inventemos con nuestra boca.”
¿Te ha pasado alguna vez que pensaste o dijiste algo sobre alguien o sobre alguna circunstancia y al final resultó ser completamente diferente? Esto sucede muy a menudo, ¿verdad? Con nuestra pareja, con la familia, amigos, en el trabajo, en la iglesia, etc. Sucede que opinamos, juzgamos o creamos un prejuicio de acuerdo a nuestras ideas, pensamientos, o nuestra realidad.
Nuestra idea puede ser muy diferente a la realidad los demás. A veces estamos tan convencidos que lo que pensamos es cierto que, llegamos a creer que nuestro pensamiento es lo que realmente está sucediendo.
Crear una historia en nuestra mente es muy fácil. Como, por ejemplo, si encuentras alguna prueba que puede denotar infidelidad de tu pareja, que pienses que un compañero de trabajo o tu jefe crean que tú no estás haciendo un buen trabajo, o puede ser algo tan simple como algún mensaje en Facebook, Instagram, Twitter que publique un amigo o una amiga tuya, y tú pienses que ese mensaje fue directamente para ti.
Llegamos al punto de molestarnos, quizás criticar, discutir, y hasta alejarnos de esa persona por lo que nosotros ya pensamos que está sucediendo. ¿Qué debemos hacer antes de crear una historia en nuestra mente? A continuación, te presento tres puntos que, si los aplica, te pueden ayudar a tener una comunicación más efectiva.
1. Preguntar a la persona correcta. Si queremos resolver alguna diferencia o mal entendido, debemos dirigirnos directamente con la persona y preguntar si lo que pensamos o creemos es cierto. A veces comentamos con personas que no tienen nada que ver en el asunto y se complica aún más la situación, porque la historia de esa persona se suma a lo que nosotros ya hemos creado, creando así un conflicto mayor. Cada persona opinará según su propia realidad, la cual no siempre es la correcta. Así es que, si queremos lidiar con un problema o mal entendido debemos tratar el asunto con la persona involucrada.
2. Escuchar. Como dice una frase que un día leí: “El problema en la comunicación es que no escuchamos para entender, sino que escuchamos para responder.” Es muy fácil responder sin escuchar exactamente lo que la otra persona dice, porque solo queremos expresar lo que pensamos o sentimos. En algunos casos, mientras la otra persona está hablando, ya estamos pensando lo que vamos a decir, o interrumpimos para defender nuestro punto de vista. Y si el tema es un poco delicado, se complica aún más, ya que nos podemos poner a la defensiva fácilmente. Es importante saber que, así como nosotros queremos hablar y nos gustaría ser escuchados, también la otra persona merece ser escuchada.
3. Identificar el objetivo de la conversación. ¿Cuál es el objetivo principal de la conversación? Identificar cuál es el resultado que queremos obtener con la conversación que iniciamos. Aclarar un mal entendido, expresar una duda o una diferencia, etc. Estas pueden ser algunas razones por las cuales deseamos iniciar la conversación, pero el objetivo principal es que ambas personas puedan comunicarse efectivamente y llegar a un punto medio donde ambas queden contentas o satisfechas con la conclusión del conflicto a tratar. Es muy fácil que cada uno defienda su punto de vista firmemente, pero si nos enfocamos en el resultado en común que ambos deseamos tener, entonces es posible tener lograr un mejor resultado.
¡Gracias por tu tiempo y hasta la próxima!
Tu Servidora,
María E. Encarnación