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Hoy quiero saber cómo estás. ¿Qué tal estuvo tu día? ¿Tuviste tiempo para pensar en ti? o el tiempo pasó tan de prisa que llegó la noche y te diste cuenta que no tuviste tiempo ni para darte cuenta que respiras.
Hoy tuviste que levantarte temprano para preparar los niños, dejarles de comer y salir corriendo a llevarlo con la niñera para no llegar tarde al trabajo. O quizás te tuviste quedarte en casa, y hacer el trabajo más fuerte y muchas veces el menos valorado, el trabajo de ser madre, esposa, consejera, chef, contadora, conserje, y todo lo demás que se suma a la profesión más hermosa.
¿De dónde sacas tanta energía, tanto entusiasmo, tanto valor de continuar cada día con la misma fuerza de siempre? Pareces invencible. Muchos a tu alrededor pueden ver esa energía, ese entusiasmo, todo el valor y la fuerza, sin pensar que no eres de piedra, que tienes un corazón que necesita ser cuidado, que tienes un cuerpo que necesita ser amado con la delicadeza de una flor, que eres un ser al que debes cuidar y que por estar tan ocupada cuidando de todos y todo olvidas lo más importante, tu esencia.
¿En qué te has convertido? ¿En la mujer que otros querían que fueras, o en mujer que tú decidiste ser? ¿A dónde han ido tus sueños? ¿A caso los dejaste olvidados en tu pasado, en la rutina, o en los compromisos del día a día? o ¿Aún los atesoras en tu corazón con la esperanza de que algún día surja el milagro de que se hagan realidad?
Por favor, no permitas que mueran tus sueños. Esos sueños que aquella niña inocente sembró, que algún día cuando fuera grande, ella los haría realidad. Te pido que no te olvides de ti. Que cuides lo más hermoso que tienes, tu esencia. Que cuides tu alma, tu cuerpo. Pues ni todo el oro, ni la plata, ni todos los diamantes de este universo, podrán compararse con todo el valor que posees. Ámate, cuídate, valórate consiéntete, respétate. ¡Tú te lo mereces! 
Deseo de todo corazón, que el día de hoy sea el comienzo de una gran y fascinante aventura. Recuerda, tu vida es un barco y solo tú tienes acceso al timón. ¿A dónde quieres llegar? ¡Tú decides!
¡Gracias por existir!
Tu servidora,
María E. Encarnación