“Si no existe ningún enemigo dentro de ti, ningún enemigo de afuera puede hacerte daño”.

emma-peneder-649327-unsplash (1)                               Photo by Emma Peneder on Unsplash

En muchas ocasiones me pregunté por qué llegaban a mi mente pensamientos de duda, de angustia, de temor a equivocarme incluso antes de tomar ciertas decisiones. Parecía como si mis pensamientos en algunas ocasiones estaban en contra mía, en contra de mi naturaleza, en contra de mi felicidad.

En búsqueda de respuestas por qué mi mente me estaba saboteando en vez de ser mi aliada para mi felicidad, me he dado cuenta que nuestra mente ha sido programada. Nuestra mente pude luchar en contra o a favor de nosotros, pero desde que estamos en el vientre de nuestras madres nuestra mente está siendo programada por la inseguridad, el sufrimiento, para el fracaso. Allí empieza esa travesía y continúa cuando somos niños, jóvenes y adultos. Sea de manera consciente o inconscientemente, nuestra mente continúa siendo programada a cada momento por medio de nuestras parejas, familias, amigos o la sociedad. Nos condicionan y nos van programándo con sus palabras, gestos, con sus acciones, etc.

Nos programan para creer verdades que son mentiras, o por lo contrario, creer mentiras que son verdades. Y llega el momento que dejamos de hacer cosas que pueden no tener ninguna consecuencia adversa, pero porque quizás una vez, no sabemos cuándo, ni mucho menos quién dijo que no debíamos hacerla. Puede ser que a ti se te haya presentado el momento de experimentar algo parecido y te hayas preguntado, ¿por qué pienso o actúo de cierta manera? Puede ser que te preguntes, ¿dónde está el origen de cierto comportamiento o actitud? o Por qué ciertas cosas son malas o buenas? Quién determinó que las respuestas a esas preguntas sean de esa manera?

Podría existir una larga lista de preguntas en nuestras mentes, y al final puede ser que no encontremos todas las respuestas. Pero debemos estar conscientes que realmente no importa cuándo, quién, cómo, o con qué nuestra mente ha sido programada, y por consiguiente hemos creado y alimentado ese enemigo interior que si lo permitimos en muchos casos nos puede debilitar, nos puede hacer sufrir y en ciertas ocasiones sabotear algunas áreas de nuestras vidas, si no todas, hasta hacernos aborrecernos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea.

Lo que verdaderamente importa es que cada ser humano por débil que parezca tanto física como emocionalmente, posee la capacidad para desprogramarse, y reprogramarse nuevamente para convertirse en la persona que quiere ser. Una vez escuché a alguien decir: “No podemos conquistar el mundo, si no conquistamos nuestras propias mentes.” El poder está en nuestras mentes, si somos capaces de conquistar nuestras mentes venciendo el enemigo interior que vive en ella, seremos capaces de vencer cualquier reto que la vida nos presente, seremos capaces de ser felices.

No tenemos la culpa de ser programados cuando fuimos niños, pero una vez somos adultos, tenemos absoluta responsabilidad de programarnos nosotros mismos, sin ceder el control de nuestras vidas a nuestras a otra persona o circunsatancia. Es nuestra obligación ser lo que somos, es nuestra responsabilidad ser cómo somos, y en qué tipo de persona nos queremos convertir. No es responsabilidad de nadie más. No podemos comprometer a alguien más de nuestros sufrimientos o nuestros fracasos. En el momento que asumamos el compromiso de lo que nos está sucediendo, en ese mísmo momento se abrirá la puerta para un nuevo cambio en nuestras vidas.

Si somos lo que somos y estamos en la situación que estamos, es porque nosotros lo hemos decidido de esa manera. Porque no son las circunstancias lo que determina nuestra felicidad, es qué hacemos con eso que nos sucede, es cómo decidimos vivir después de cada evento, es cómo reaccionamos y qué actitud mostramos ante esos eventos. Puede ser que no tengamos la culpa de haber nacido y crecido de cierto modo o con cierta actitud, pero sí tendremos la culpa si morimos con esa misma actitud, pues de nosotros depende cambiar, y está en sonotros si continuamos con el mismo estilo de vida que tenemos.

A veces queremos buscar la persona, o circunstancia culpable de nuestra desgracia, de nuestro dolor, de nuestro fracaso, y puede ser que en algunos casos esas personas o circunstancias hayan contribuido a ello, pero es nuestra total responsabilidad permanecer ahí, en el círculo destructivo de la culpabilidad. O tomar esas experiencias como palanca para que nos empujen a vivir un mayor y mejor estilo de vida. Recordemos que nada externo nos puede hacer daño, a menos que le concedamos el poder para que nos afecte. Tú puedes ser tu mejor amigo, pero también puedes convertirte en tu peor enemigo. ¡Es tu decisión!

Gracias por Existir!


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